En aciagos dias,
en que mis pupilas serpentean
bajo la luz de tus velas.
Se aferran al sentimiento
de tu tristeza para enmudecerlo,
y dejan paso, a las caricias de mis labios
que honrados por tus susurros, se acurrucan,
sobre tu almohada, sobre tu nuca.
El escalofrio que recorre tu cuerpo,
se centra en mi mirada,
incierta, y directa
sobre cada uno de estos versos, de tu alma,
que te arropan como tus propias sabanas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.